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Las Necesidades Básicas De La Piel

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No hay duda de que la piel es perfectamente capaz de cumplir sus funciones con eficacia. Sin embargo, las presiones que soporta a diario a causa de las modernas condiciones de vida pueden causarle importantes deterioros.

Por ejemplo, el aire seco y caliente de la oficina puede dejar la piel apergaminada, sobre todo cuando la persona afectada tiene la piel seca.

Para conservar la juventud, la elasticidad y la frescura de la piel es necesario mantener a raya todos estos agentes agresivos.

Hoy en día el proceso natural de envejecimiento de la piel se acelera a causa de los factores medio ambientales y también de nuestros propios hábitos que, por ejemplo, nos hacen abusar de los baños de sol o de las visitas al solárium.

Cuidados de la piel

El cuidado de la piel tiene como objetivo conservar o regenerar el manto protector. En cuanto a los cosméticos, es básico que mantengan la humedad cutánea e impidan la resecación.

En este sentido, la cosmética y la protección deben trabajar unidas. Igual que ocurre con las medicinas, y con muchas otras cosas de la vida, el uso que hagamos de los cosméticos deben guardar una proporción adecuada con los riesgos que conllevan.

Es decir, si un cosmético provoca una alergia, al final la belleza se verá perjudicada en lugar de beneficiarse. Con el fin de que los productos para el cuidado de la piel pueden desplegar todos sus efectos positivos, deben ajustarse a las necesidades específicas de cada tipo de piel.

No todas las pieles son iguales y, por tanto, no todos los remedios son buenos para cualquiera. Por ejemplo, un producto beneficioso para una piel seca puede causar un desaguisado en una de tipo graso.

Cada tipo de piel es especial, y requiere cuidados especiales.

El cuidado de la piel normal

Aunque, en general, las personas que tienen la piel normal no suelen tener problemas con ella, no por eso deberían dejar de concederle la atención que se merece.

La piel agradecerá los cuidados que que se le proporcionen manteniéndose bonita y saludable hasta una edad avanzada.

En concreto, es necesario limpiar con regularidad la piel del rostro con el fin de eliminar la grasa y el sudor, las células sobrantes de la capa córnea, las partículas de suciedad, las bacterias y los restos de cosméticos.

La suciedad y el sudor se pueden retirar sólo con agua. Sin embargo, los otros residuos suelen ser grasos, lo que hacen necesario utilizar un jabón o , mejor aún, un detergente sintético.

Estos disuelven la grasa y la arrastran en el aclarado. Una forma más suave de limpiar la cara es utilizar un producto especial que se adhiera sólo a las partículas de suciedad y las elimine en el aclarado. Algunos productos útiles son los extractos de flor de avena, el suero de la leche o la arcilla.

En la práctica, el jabón no se debe utilizar en el rostro. Lo más aconsejable es utilizar una leche limpiadora, preferentemente una emulsión de aceite en agua, que es menos grasa.

El producto se debe aplicar por las mañanas y por las noches extendiéndolo con movimientos circulares y aclarándolo bien con agua.

Otra posibilidad es utilizar un detergente sintético. En todo caso, es fundamental retirar a fondo el producto limpiador, ya que si éste permanece sobre la piel, la vuelve áspera y además impide que penetren las cremas.

Antes de limpiar la piel se debe retirar la sombra de ojos y en general, el maquillaje. Existen productos especiales para desmaquillar, aunque resulta más barato e igual eficaz utilizar alguna de las cremas para el cuidado de la piel que solemos tener en el armarito del baño.

Después de la limpieza podemos estabilizar la piel frotándola con delicadeza con un tónico. De este modo se eliminan los restos de la leche limpiadora, la capa córnea adquiere tersura, y la piel se reafirma, se alisa y se refresca.

No es necesario utilizar cremas de arrastre que contengan arena u otros materiales abrasivos. Si lo hacemos, no debemos emplearlas más de una vez cada cuatro semanas.

Como crema de noche es conveniente elegir una crema grasa, tipo nutritiva o regeneradora, que formará una ligera película sobre la piel.

El efecto de estas cremas es parecido al que produce una mascarilla regeneradora. La grasa hace que la humedad quede retenida en la piel, que al día siguiente aparece más lisa y tersa.

Estas cremas dan un ligero brillo, pero por la noche no es molesto. Esta aplicación de crema resulta aún más eficaz si, antes de realizarla, se deja que penetre en la piel un producto de tratamiento.

El producto debe ser adecuado para cada tipo de piel y contener una elevada concentración de agentes humectantes. Por el contrario, no contendrá los tan comunmente conservantes, ni sustancias aromáticas innecesarias.

El problema es que en la fabricación de este tipo de productos no se puede prescindir de los conservantes, ya que debido a su alto contenido en agua, es fácil que las bacterias los descompongan.

La solución óptima es administrarlos en ampollas, cada una de las cuales sirve para una aplicación. Por la mañana es aconsejable utilizar una emulsión que sea agradable de aplicar. Su contenido en grasa puede ser mayor o menor, dependiendo del estado de la piel.

Si se experimenta una sensación de tirantez, por ejemplo, después de un día duro o de haber estado expuesto al aire seco del invierno, o después de un baño, es preferible emplear una emulsión con algo más de grasa o una crema.

Sin embargo, después de un día de verano o de una sauna es preferible utilizar una emulsión menos grasa y más hidratante. Para que el efecto se mantenga todo el día, es aconsejable emplear productos que contengan agentes humectantes.

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Las sales del mar Muerto, que se caracterizan por una concentración y una combinación particulares, actúan como humectantes naturales.

Para el maquillaje de día resultan adecuadas las cremas que satisfacen las necesidades de grasa o humedad de la piel y que, al contener algo de color, le proporcionan una fresca luminosidad.

También se puede utilizar una emulsión grasa, compuesta de agua y aceite, que contengan una elevada proporción de polvos, dado que se fija mejor y no se desliza a la primera gota de lluvia o a la primera lágrima.

Los polvos compactos contienen una cantidad muy alta de materia sólida, cubren más y son muy resistentes. Hay que mimar los párpados y el contorno de los ojos con una crema específica que respete el equilibrio de la piel de estas zonas.

Sin embargo, bajo el maquillaje de ojos nunca se debe utilizar una crema rica en grasa, o emulsión de agua en aceite, que no penetre completamente, ya que entonces la sombra y el rímel se disuelven o se emborronan.

Los labios agradecerán que les apliquemos una barra protectora. Ahora bien, si pensamos aplicar una atractiva barra de color, es preferible utilizarla directamente, ya que si la superponemos a una capa grasa se adherirá mal y no resistirá el beso.